excedente solar

la electricidad que te sobra y se va a la red

Por Yapci Bello ·

Electricidad que producen tus placas y que no consumes en ese momento. Si no se aprovecha, se vierte a la red a cambio de una compensación pequeña; desviarla al termo o a la batería vale mucho más.

De dónde sale la energía que sobra

El excedente aparece por un desajuste de horarios. Las placas producen su máximo alrededor del mediodía; una casa habitada gasta su máximo a primera hora de la mañana y por la tarde-noche, cuando vuelve la gente. Entre medias hay una franja larga en la que el tejado está generando y dentro no hay casi nadie encendiendo nada. Toda esa energía que no encuentra un consumo en el mismo instante sale del cuadro hacia la red de distribución.

No es un fallo de la instalación ni algo que se pueda evitar del todo: es la forma normal de funcionar de una vivienda con paneles. Lo que sí está en tu mano es cuánta energía cae en ese saco y qué haces con ella antes de que se vaya.

Qué te pagan por ella y qué no

La normativa española prevé dos caminos para las instalaciones domésticas acogidas al Real Decreto 244/2019:

Compensación simplificada. Es la vía habitual en una vivienda. La comercializadora valora la energía vertida y la resta del término de energía de tu factura. Tiene una restricción que conviene leer dos veces: el descuento no puede superar el importe de la energía que has consumido de la red en ese periodo de facturación. En el mejor de los casos, la parte de energía de tu factura llega a cero. Nunca pasa a negativo, no te ingresan dinero y lo que no cabe no se guarda para el mes siguiente.

Venta de energía. Volcar la producción al mercado, con las obligaciones que eso arrastra (alta como productor, representante, obligaciones fiscales). Para un tejado residencial rara vez compensa el trámite.

Y hay un tercer camino que no es económico sino físico: no generar excedente, porque lo has consumido tú. Ese es el que da mejor resultado siempre, por una razón aritmética simple. Cuando compras un kilovatio hora a la comercializadora pagas la energía, los peajes y los impuestos. Cuando compensas un kilovatio hora vertido, te reconocen únicamente un precio de energía. El valor de gastar en casa es sistemáticamente mayor que el valor de exportar. No hace falta saber ninguna cifra concreta para entenderlo: son dos conceptos distintos, y uno incluye más partidas que el otro.

Por cierto, que este debate exista se lo debemos al Real Decreto-ley 15/2018, que suprimió el cargo que penalizaba autoconsumir y reconoció el derecho a hacerlo, incluso de forma compartida entre varios vecinos.

Qué desvío yo y a dónde

En mi casa, en Tenerife, la regla que gobierna todo es una sola frase: antes de que la energía cruce el contador hacia fuera, tiene que haberse ofrecido a todas las cargas que puedan tragarla. El sistema lo ejecuta solo, con datos de un medidor propio y automatizaciones que corren en local.

El orden que sigo, de más a menos rentable:

  1. Agua caliente sanitaria. El termo eléctrico es un acumulador térmico barato, ya instalado y sin mantenimiento. Convierte energía sobrante del mediodía en duchas de las nueve de la noche. Es lo primero que arranca y lo que más excedente se come.
  2. Electrodomésticos de ciclo largo. Lavadora y lavavajillas cargados por la mañana y con arranque diferido. No los enciende un reloj: los enciende una condición de sobrante sostenido.
  3. Climatización desplazada. En verano, adelantar el enfriamiento a la franja de sol para llegar a la tarde con la casa ya fresca. La vivienda funciona como acumulador de temperatura.
  4. Cargas ocasionales avisadas. Para lo que decide una persona —el horno, la plancha, herramientas— el sistema no manda: manda un aviso al móvil diciendo que es buen momento.

Un matiz que solo se aprende midiendo: el sobrante no es una cifra estable. Una nube de paso lo tira al suelo durante minuto y medio y vuelve. Por eso ninguna de mis reglas dispara con el valor instantáneo. Todas exigen que el sobrante se mantenga durante varios minutos, y ninguna carga se apaga hasta que ha estado funcionando un tiempo mínimo. Sin esa histéresis, el termo estaría chasqueando todo el día y duraría la mitad.

Por qué le importa

A la factura, porque el aprovechamiento es la palanca que queda cuando ya has pagado la instalación. Ampliar el tejado cuesta dinero nuevo; mover la lavadora a las dos de la tarde no cuesta nada y sube el aprovechamiento desde el primer día. En una instalación mal aprovechada, más de la mitad de lo producido se va fuera y vuelve a comprarse por la noche más caro.

A la independencia de quien vive en la casa, porque un hogar que sabe cuánta energía tiene disponible en cada momento toma mejores decisiones. Aquí vivimos con esa información a la vista, y ha cambiado hábitos sin que nadie tuviera que imponerlos. Añado algo importante: la energía es un servicio esencial, y automatizarla no puede convertir la casa en un sitio donde el agua sale fría porque el sistema decidió esperar al sol. Toda regla mía tiene un respaldo que garantiza el confort, y solo optimiza por encima de ese suelo. Esto se aplica igual que en accesibilidad: la tecnología no puede quitarle el control a la persona.

Errores frecuentes

Pensar que la red es una batería gratis. El descuento tiene tope, no se acumula y no paga en efectivo. La red no te guarda el verano para el invierno, te compensa dentro de un periodo y hasta donde llega tu propio consumo.

Programar por hora en lugar de por producción. «Termo a las 13:00» falla el día nublado, el día de invierno con el sol bajo y el día que hay visita y la casa está gastando el doble. La condición correcta siempre es la energía que sobra ahora, no la hora que marca el reloj.

Perseguir el aprovechamiento perfecto. Llega un punto en el que exprimir el último tramo exige comprar equipos caros o vivir pendiente del sistema. Lo que sobra después de haber cubierto agua caliente y ciclos largos ya cumple bien su función yéndose a la red y descontándose.

Comprar un aparato que solo se controla desde la nube del fabricante. Un enchufe que necesita internet y una cuenta ajena para encenderse no sirve para reaccionar en segundos a un cambio de producción, y desaparece el día que apagan ese servidor. Protocolos locales y software de código abierto: es la diferencia entre una instalación tuya y una alquilada.

Instalar batería antes de haber optimizado el desvío. La batería es la solución cara al mismo problema. Antes de plantearla conviene haber exprimido lo que ya tienes: el termo, los ciclos largos y la inercia térmica de la propia vivienda.

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